3.9.17

ya

Déjame adivinar;
soy demasiado buena para ti,
soy una tía legal,
de puta madre,
te flipa reírte tanto conmigo
y lo pasas tan bien cuando estamos juntos
como si estuvieras con cualquiera de tus colegas
y eso es genial
porque no te ha pasado con muchas antes.
Te he hecho sentir muy bien
y soy una persona genial
a la que seguro
le esperan muchas personas buenas
y muchas cosas buenas
que llegarán pronto,
ya lo veré.
Y mientras me dices todo esto
yo sonreiré
y no me atreveré a decirte
-porque no merece la pena-
que esta mentira te la cuentas a ti
y no a mi
porque yo ya he sido la segunda opción
de más gente de la que debería
que se ha ido por donde vino
-justo como tú-
yo he sido estupenda
pero no o suficiente
o he sido la locura
de un sábado por la noche
de más nombres
de los que puedo recordar.
Tú te vas
yo me quedo sola
-otra vez-
y pides que me crea todo lo que me dices.
Ya.


25.8.17

Día 1.

A veces la gente se va sin marcharse. No es necesario alejarse físicamente -igual que tampoco hace falta estar cerca- para ser consciente de que alguien se ha ido. Y es que a veces la gente se va sin ser consciente de que se ha ido. Basta una palabra. Un gesto. Una acción. Algo que os separa y que no permite que vuelvas a verlo de la misma manera. Ni siquiera tiene que ser algo "malo" per se. No tiene que ser una ofensa directa, no tiene que ser un insulto, no tiene que ser un golpe. Incluso, si le cuentas a un colega lo que te ha ofendido te dirá que no es para tanto, porque puede ser que no lo sea en si mismo.
No me estoy explicando bien. Existen leyes innatas entre las personas y las personas. Relaciones que se basan en un tipo de confianza concreta. Existe gente a la que han vapuleado tanto que otorgar su confianza a otro es el regalo más grande. Y que alguien no lo valore se convierte en una muestra irrefutable de lejanía. 
Y es de la lejanía de donde nace toda soledad. 

23.8.17

mala vibra

No soy de fiar por las noches, aunque parezca que sigo teniendo cara de ángel y ojos de luz. No seré de fiar cuando te sonría y no seré de fiar cuando me digas que me queda bien ese pendiente que llevo en la nariz y yo te diré que es falso, pero no que yo también lo soy. No seré de fiar cuando me des ese chupito pensando que vas a sacar algo de mi dándome un poco más de beber: no lo necesito, tengo toda mi locura controlada y vivo en un extremo de números y de ecuaciones exactas. No seré de fiar contigo por muy buen chico que digas que eres, no seré de fiar por mucho que te brille la sonrisa y por mucho que me digas que no soy como todas esas chicas que te parecieron más malas que yo, pero que no te apuñalarán por la espalda de la misma manera que yo -sin ningún remordimiento-  en el caso de que haya que salvarse el culo. No te fíes de mi, en serio, ni siquiera cuando tenga tu polla clavada en la garganta, ni cuando acepte dormir a tu lado, ni cuando te cuente alguna de esas historias de cómo me hizo daño gente exactamente igual que tú.
No seas bueno conmigo; nunca actuaré en consecuencia. 
Estás avisado. 



21.8.17

18.14

Hay dentro de mi una ciudad helada.
Hace mucho que murió el último superviviente del cataclismo. 
Hace mucho que no tengo a nadie que quiera leer mis poemas. 
No se me ocurren metáforas adecuadas
para vestir todo este hielo
con algo que parezca primavera. 
Hay océanos en los que no hay olas
hay tierra gris y seca
que no se acuerda de cómo hacer crecer las amapolas
hay un desierto en tonos ocres
que se extiende y que trepa por mi vértebras
y que se instala en cada madrugada
en la que la cama es tan grande
que el latido de mi corazón hace un eco inservible,
como una canción que toca un músico solo en el metro.
No hay nadie para calentar mis huesos
tengo escalofríos que saben
a todas las malas decisiones que tomé
hasta convertirme yo misma
en el tiro errado, 
en la última oportunidad de vivir
antes de volver al hogar
de todos esos marineros que quieren contar historias
para después zarpar y no acordarse
-o hacerlo, mientras besan a otra sirena. 
No sé cuantas balas perdidas me han impactado en el pecho.
No sé cuantas veces puedo ser la estación equivocada.
Tengo aquí toda esta soledad amontonada
y 17 "no importa, estoy bien" en la recámara. 
No me da miedo empezar a contar mentiras.





25.7.17

perseguir un amor milimétrico y asqueroso

Hago algo parecido a quererte cuando me doy la vuelta en la cama y está la curva de tu espalda
como la silueta de una montaña llena de osos,
hago algo parecido a quererte cuando solo te encoges de hombros
ante las preguntas que nunca he hecho,
hago algo parecido a quererte cuando te ríes,
cuando no admites que no tienes
ni puta idea de lo que te estoy hablando,
cuando quiero que duermas muchas horas y sueñes en cosas bonitas
que bebas y llegues a casa cuando amanece
con cervezas de más
y quizás corazón de menos.
hago algo parecido a quererte
cuando escucho esas batallas tuyas
en tierra de nadie
con aullidos de lobos de fondo
y creo que hablas de mi misma
y de todas las veces que me he equivocado.
hago algo parecido a quererte
cuando no me importa que tengas otros labios
otras sirenas
en otros puertos
porque eso no cambia que vuelves siempre.
llevamos toda la vida
persiguiendo un amor
que dice "eres mío"
que dice "eso no"
que dice "ahora y no luego".
llevamos toda la vida ahogándonos
mientras le ponemos diques a un mar
del que no conocemos
ni tan siquiera un 10 por ciento.
la idea de que no hables,
que hagas.
la idea de que no prometas,
que vuelvas.
la idea de que no juzgues,
que estés.
hago algo parecido a quererte todo el tiempo.
solo que no me había dado cuenta.




21.7.17

hay manchas de sangre en las sábanas

Cayó Roma y caeremos nosotros y tampoco me importó nunca que no hubiera más verdad que esa. Cayó Alejandro, lo admita o no, a manos de Ganesha y ese es el destino que aguarda a todos los que tenemos sangre de caballo desbocado y perseguimos el sol. Los habemos nómadas, apátridas, y este vacío se ancla en el pecho, en las costillas. Vivo en la perpetua búsqueda de mi misma. No sé qué estoy haciendo aquí ni tampoco qué haré allá. Hay manchas de sangre roja en las sábanas y hay manchas de gusanos negros en tu pecho. Quiero ponerle un nombre a esta forma terrible que tengo de ahogarme, a este miedo voraz que todo lo infecta, que todo devora. 
(Aún me asusta terminarme de repente. 
Aún me asusta no vivir intensamente)

1.6.17

que te den por ahí

Podría desearte muchas cosas buenas
porque dicen que hay que dar algo bonito
para que el mundo te lo devuelva.

Podría decirte "que te vaya bien",
"he sido muy feliz contigo",
"que te vengan cosas muy buenas".

Pero el caso
es que tú me has hecho feliz
y me has hecho mierda
a partes iguales
-si no, no habría perdido
tanto tiempo contigo,
que tampoco soy imbécil
ni nada por el estilo.

Ya te he dado más cosas buenas
 de las que nunca te has merecido.
Así que
mejor no andarse con metáforas;

que me vaya bien

que sea yo muy feliz

que me sepa la cerveza a risa
la risa a cerveza
y viceversa

que cante rancheras borracha
con todas mis amigas

que no jodas a otra pobre muchacha
que ande perdida y se crea
que tú eres un abrigo en el invierno
cuando solo eres un lobo
con un disfraz a medida de cordero.

que encuentre a alguien que me quiera
como me merezco;
suave, eléctrico, lento.

Sin nada más que decir:
adiós, mi corazón,
que te den, que te den por ahí.



19.5.17

aún no ha habido invierno capaz de parar la primavera

Tendremos mucho por lo que llorar
cada día;
sube el precio de las compresas,
un hombre te gritó por la calle,
un chico pasó una foto tuya desnuda,
alguien sugirió que estarías "muy guapa"
si perdías unos cuantos kilos,
esos que tienes de más
(como si pudiera haber
demasiado de ti misma en el mundo).

Tendrás miedo cuando
un coche te siga a casa,
y tendrás rabia
cuando alguien se empeñe
en pagarte menos que a él,
y en preguntarte cuando usarás tu vientre
para traer a otra persona al mundo
("así no te quedarás sola").

Todo será una mierda.
Tendrás el corazón roto.
Tendrás los puños apretados
y ganas de calzarle una hostia
al próximo que crea que te importa
lo guapa o fea que te ves hoy.

Tendrás rojo en las bragas.

Y tendrás rojo en el corazón.

Y ninguno de estos
serán motivos suficiente
para que se te quiten las ganas de plantar cara.

Recuerda; las nubes no tapan siempre el sol.

Recuerda: a día de hoy no ha habido invierno
capaz de vencer a la primavera.

16.5.17

estoy hablando de ti

Estoy hablando de ti. Cuando hablo de lo vacía que está esta ciudad me refiero al hueco que se me ha quedado dentro al vivir entre espera y espera. Cuando hablo de la lluvia en realidad hablo de tus ojos y cuando comento algo del sol estoy hablando de tu risa. Cuando digo que me gustan los solos de guitarra estoy echando de menos tus manos y cuando cuento cosas de frío es el mensaje cifrado de lo mucho que añoro tu cuerpo en mi cama y el calor que emites, como si no hubiera nada más que pudiera parar el invierno que crecía en mis entrañas. Tengo versos que escribir sobre el oro pensando en lo mucho que te gusta la cerveza y canciones en los oídos que llevan tu voz impresa. Y hay amaneceres que me saben aún a las veces que hemos caminado de vuelta a casa hablando de cualquier cuento sucio que nos ofreciera la ciudad de turno, la estación equivocada. 

Tengo la sensación de que me quedo sin metáforas al describirte y que me sobran, por primera vez, recursos dramáticos sobre la niebla y sobre el paso del tiempo y cómo los niños perdidos nos convertimos en piratas, no sin amasar algunas cicatrices. 

Estoy hablando de ti. Todo el rato. 

Y creo que me escuchas. 


tristeza vestida con una capa de niebla y llanto

Nos fuimos quedando huecos poco a poco, ya no hubo sitio donde esconderse de la niebla. Se terminaron las carreras en el parque y chutar la pelota tan fuerte como pudieras. Los relojes comenzaron a significar alguna cosa y los granos y las compresas y las ganas. Es aterrador, casi sórdido pensar cómo nuestros cuerpos fueron germinando, pero no había flores que llenaran de color este invierno cenagoso y helado. Se terminaron las gominolas y los caramelos y empezó la lucha contra la báscula, contra el pelo, contra la forma de crecer; resultó ser inadecuada. 
Empezaron los besos tímidos y desastrosos y las manos tímidas e inexpertas debajo de la blusa. Los secretos, las heridas, los golpes. Empezamos, tal vez, a ser el proyecto de aquello que un día seremos. 
La sangre, la vida, la quemadura, la gracia. 
Todo a la vez, condensado, como una supernova justo antes de estallar. 
Y, de fondo, la tristeza vestida con una capa de niebla y llanto. 

9.5.17

tienes miedo

Te preguntas si la falda del vestido es demasiado corta y si el escote es demasiado grande. Si el pinta labios sigue en su sitio, si el pelo cae de la forma adecuada, en la dirección adecuada. Te miras al espejo y esta carcasa tiene tantas grietas que te preguntas si aguantará una nueva embestida de esos ojos ávidos de secretos que te asaltan por la calle. Tienes miedo. Tienes miedo cuando caminas a casa de las sombras de los rincones y tienes miedo de las voces que te llaman sin decir tu nombre. Escuchas historias de chicas que viajaban solas y de chicas con los labios rojos y de chicas que se pusieron la misma blusa que tú llevas ahora y están muertas. Todo está lleno de fronteras que no puedes cruzar. 
No puedes vivir sin ti, y parece tu obligación guardarte en este mundo terrible. Como si la que hace mal con tus pasos fueras tu y no aquel que te pone la zancadilla y que te arrastra a donde no quieres llegar. Como si esta lucha diaria que se libra en la calle y en la que el precio único es seguir viviendo fuera una invención tuya: como si las heridas fueran falsas, como si te hubieras vestido de terror tú sola. 
Dices en alto que temes a la madrugada y todos te toman por loca, pero es que los demonios se han vestido con pantalones pitillo y se han engominado el pelo y esperan a las que son como tú con manos afiladas como puñales. Envenenan tu copa y justifican su miseria con las curvas de tu cuerpo. 
¿Qué dirán de ti cuando estés muerta?¿seguirán hablando de tu boca, de tu vestido, del último mensaje que enviaste diciendo que aquel muchacho de ojos verdes no estaba tan mal? Ocultarán tu nombre. Dirán que te lloran. Pero nada será cierto. 

8.5.17

la muerte habita estos muros

La muerte impregnó los muros y no importó la plata ni el oro ni el tañido de la campana de la catedral cercana. La muerte habita esta casa y los espíritus bailan en este salón y calientan su helado palpitar silencioso en esta chimenea. Aquí descansan los que un día estuvieron vivos y que vieron el ocaso de sus días. Es su música la que se escucha en el crujido del viento. Es su caminar sosegado el que marca el paso de las horas. Son sus ojos los que brillan en las esquinas oscuras.
La ciudad de la pólvora, la ciudad de la peste, la ciudad que guarda un corazón hecho de agua y de plata ahora acuna a aquellos que ya no son. Es su cementerio el que acoge las plegarias dedicadas a los que ya no tienen nombre. 
La muerte impregnó estos muros. Aquí nos guardamos los que no tenemos nada que perder, los que ya no huimos y ya no tememos. 
Cuidado. Respetad nuestro descanso. 

2.5.17

crónicas de lluvia y viento, domadores de catástrofes

La batalla es menos dura curando te acompaña a la trinchera gente dispuesta a cantar contigo las mismas canciones. Los hijos de los hombres no podemos frenar la lluvia ni el viento, pero podemos sobreponernos, enseñar los dientes, plantar cara, que no terminen los motivos por los que seguir levantándose después de una caída (por mucha piel morada que este nos deje). 
La juventud solo anda durando unos días y estos pueden convertirse en una eternidad si tienes las ganas adecuadas, cuando la piel absorbe el frío pero al corazón no le importa, porque hay muchas cosas que quedan por vivir y otras tantas que no nos harán tener ni un poco de miedo. 
Somos los domadores de catástrofes y no hay un solo lugar de este mundo (chambón y jodido) que haga que nos guardemos estos minutos que amasamos. A todos los dragones se les puede poner un bozal y no hay nada que pueda añorarse más que algo a lo que no te atreviste por pánico. 
Hay música y hay cerveza y sobre todo hay motivos por los que estar contentos. Tormenta, rayos y truenos incluidos. 


24.4.17

nunca imaginé que te diría adiós de esta manera

Una vez me partieron el alma en siete trozos y lo hicieron tan bien que ni siquiera me di cuenta de que habían logrado convertirme en nada. No hubo ni siquiera un golpe, ni una mala palabra. No hubo en aquella terrible guerra nada más que silencio y ausencia que acabó por convertirme en eso mismo; en un vacío que iba de un lado a otro, en un corazón que latía por inercia. 

Una sombra hueca con el alma desganada, eso era, arrastrando una carcasa. La prisión en la que se había convertido mi cuerpo no la reconocía como mía, las manos no me respondían. Amé a alguien con todo y me devolvieron nada y esas oleadas de indiferencia me arrastraron mar a dentro. Yo quería ser barco sin darme cuenta de que incluso los navíos requieren un hogar en el que ir curando las cicatrices que deja la tormenta. 

Me estoy reconstruyendo. Desde los cimientos, además. Piedra a piedra, palmo a palmo, llenando de flores mi carne e intentando hacerme fuerte tras sobrevivir a esa tormenta, la peor de todos los tiempos. Con mimo, con esmero, con la fe de quien lo ha perdido todo y no puede ir más abajo. 

A veces hay derrumbamientos. A veces todo tiembla y debo bajar varios pisos y edificar de nuevo todo lo que se ha derrumbado con un soplido; no soy fuerte, aún puede tumbarme una ráfaga desafortunada. Lo siento, a mi también me gustaría poder ir más aprisa y encender cuanto antes la luz. Ser, finalmente, una estrella completa ayudando a otros barcos a encontrar la casa que les espera. 

Nunca imaginé que el adiós vendría de esta manera. Esperaba para ti cosas mejores, pero lo cierto es que no es suficiente. No tengo nada que reprocharte; has sido bueno conmigo. Agradezco todos y cada uno de esos orgasmos y de esas risas y sé en todo momento que la destrucción en la que estoy envuelta no ha sido culpa tuya; fue otro el que me partió en dos y tú has hecho mucho bueno por mis vigas y por mis amarres, eso tampoco voy a olvidarlo. Pero lo cierto es que no comprendes la nada a la que te enfrentas cada vez que me miras a los ojos y yo no puedo hacerte sentir lo que necesito que sientas, ni decir lo que necesito que digas; "ya eres todo lo maravillosa que puedes llegar a ser". 

No te quiero, pero pude haberte querido y por eso esto es triste. No te quiero, pero me habría gustado que el adiós me hubiera pillado menos de improviso. Porque esta tarde he decidido no esperar nada más y es doloroso, pero joder. Podría haberme costado la vida. 

Gracias por todo. 

Dulces sueños. 






19.4.17

que curen esta horrible selva

Todas esas chiquillas
que andan con las costillas
repletas de corazón.
Esos años dorados en los que
se les hincha el pecho con la risa
y se les hincha el pecho con la rabia.
Esos años en los que aún
no hay báscula que indique
cómo de mal lo estás haciendo
(una pista; no hay forma de hacerlo bien)
y cómo de fracasada debes sentirte
(otra pista: siempre podrás ser mejor).
Cuando las rodillas amoratadas
no significan haberse arrodillado
(ya sabéis delante del pantalón de quién)
sino haberse caído
(y, consecuentemente, haberse levantado después).
Esas niñas que vuelan
antes de preguntarse a si mismas
qué opinan otros ojos
de su cuerpo
de un cuerpo que aún
no ha llegado a no entender.
Hablemos de ellas,
escribamos poemas que cuenten sus batallas
(como la de vivir,
una dura gesta
cuando eres una mujer),
cantemos canciones
con sus nombres.
Dejemos de llamarlas bonitas
gritémosles
"¡valientes!"
"¡panteras!"
"¡guerreras!".
No dejemos que el mundo les robe
esa magia
como hizo con nosotras.
Criemos una generación
de niñas leonas
que se conviertan en semillas
que curen esta horrible selva.

26.3.17

la verdadera confesión de la leona

Te haces mayor cuando te das cuenta de que el problema no es estar solo, sino estar solo en los momentos menos adecuados. Cuando te levantas un domingo de resaca y no tienes nadie que te diga la cara que se te ha quedado por no desmaquillarte la noche anterior. Miras por la ventana y llueve y te descuento de que no tienes ningún problema contigo, pero a veces no está mal necesitar a alguien que te acune.
Los dioses, tan arriba, no saben tampoco de abrazos. No saben de la calidez de la piel contra la piel y de las sábanas sucias y del sudor y del "quiero estar aquí, contigo". Unos ojos que no tengan nada más que decir que eso; el momento justo, el lugar adecuado, es justo ahora, donde no hay más ley que el refugio frente al mundo. 
Eso es hogar y eso es descanso; saber que lo malo no va a desaparecer nunca, pero que hasta la mala suerte es capaz de respetar algunos oasis hechos de paz, de minutos de domingo por la tarde. No hay más confesión que esa; no todos necesitamos que nos sostengan. Pero a veces tampoco está de más. 


23.3.17

eso no es un corazón roto

Hablamos del corazón roto cuando este parece que tiene latidos desganados y duele en el pecho. Cuando tenemos ganas de llorar y nos sentimos partidos en trozos y cae la noche y no puedes dormir y te sientes como si fueras el último ser humano sobre la faz de la tierra. Hace frío y no hay suficientes copas en las que ahogarse (vodka amargo, sin excusas, directo al núcleo, de algo hay que llenar el alma) y te preguntas si saben las estrellas que están tan solas en el universo. 

Hay un grito que arde y a la vez se extingue en la garganta y tiene la fuerza de mil perros apaleados, abandonados, vagando por calles que siempre parecen las mismas. Caras frías en el metro, pies helados, charcos sucios de irisada gasolina y mugre, mugre por todas partes.

Los pájaros se caen de los nidos y no pronuncias su nombre porque te da miedo darte cuenta de que no te quedan más excusas para hacer que te mire a la cara; no quiere leer las cartas que le escribes y no quiere preguntarte cómo te va en el trabajo ni a qué bar de mierda irás a consumirte este sábado. Él no tiene ganas de tenerte ganas y parece que eso lo envuelve todo en desdicha y tú sueñas con el momento en el que te topes con él y te agarre del brazo y te diga "perdona, en realidad sí que quería ser tu puerto". 

Tienes que seccionar de ti ese pedazo de indiferencia e intentar recordar cómo era tu vida antes de su llegada y no hundirte porque no parece ahora tan maravillosa como esos atardeceres que compartisteis. Te preguntas qué te queda, joder, si te asalta su puto olor cada vez que el desconocido equivocado se te acerca en la discoteca. Si te acuerdas de él cuando caminas al trabajo. 

Suplicas a tu corazón que borre su cara de tu memoria igual que tú has borrado su número de tu whatsapp (a quién querrás engañar, te lo sabes de memoria). Suplicas a tu corazón que retome el curso de tus latidos y que deje de echar de menos y que deje de congelarse como lo está haciendo, de pincharte con sus esquirlas. 

Lo siento, pero tengo que decirte que no está roto; funciona como debe funcionar, aunque parezca en las últimas ahogado con tanta tristeza. Ese tiritar dudoso también forma parte de ti. Ese sentirse vacío, como el pesado silencio húmedo antes de una tormenta. Y se pasará, como todo. Dale tiempo. 






otras maneras de usar la boca










15.3.17

más difícil de lo que parece

Ya lo dije una vez: "aquí seguiré si decides volver" y lo peor de todo es que era cierto. Que si hubiera querido ahí habría estado yo, con el pelo revuelto y una sonrisa de perrillo abandonado. Así me sentía; como un cachorro al que no quieren más en casa. Ansiando amor como si fuera oxígeno y yo acabara de salir del agua, con los huesos y el corazón helados. Yo habría esperado cuanto hiciera falta y, a día de hoy, no puedo evitar preguntarme si aún lo sigo haciendo; si es cierto que soy ya del todo libre de tu recuerdo.

Ya lo dije una vez: "estar contigo es tan malo como estar sin ti" y esto tampoco era ninguna mentira. Así que me di por vencida y levé anclas. Como experta que soy en escapismo no fue fácil sacarte de mi vista, aunque sacarte de mi cabeza ya es otra historia. 

Ya lo dije una vez: "nunca me libraré del todo de tu risa", de cómo sigue apareciendo entre los acordes de mis canciones favoritas o en algunos matices de cervezas artesanales. En las faldas de algunos vestidos que pienso que te gustarían, en algunos paisajes verdes y azules, en algunas tormentas de verano. En los ojos de otras chicas que no te querrán nunca como yo estaba dispuesta a quererte. 

Tú ya no estás en mi vida. Ahora otro ocupa tu lugar. Supongo que así deben ser las cosas. Lo que ocurre es que yo ya no espero a que nadie vuelva. Ahora, cuando alguien se marcha, yo cierro la puerta. Eso es lo último que no te dije.




13.3.17

la manera adecuada de usar la boca

No hay más verdad que esa: tienes que leer este libro. Tienes que leer este libro porque es la única forma de entender todo lo devastador que se puede decir en un poema que habla sobre el hambre de
amor de algunas mujeres que crecen confundiendo la agresividad con el amor.

No hay más verdad que esa: es bello y desgarrador porque es cierto, porque no existe mentira alguna en el fuego de Rupi Kaur, que quema pero ilumina. Hay certezas que duele pronunciar pero que solo así apaciguan el alma.

Debes leerlo porque te ha pasado a ti: dijiste que no pero a un chico no le importó nada. Viste como un amor se apagaba poco a poco y no supiste qué hacer. Quisiste gritar "no te marches" pero no lo dijiste en alto. Odiaste y amaste a tu padre. Odiaste y amaste a tu padre. Sentiste que no te pertenecías y que eran otros los que decidían qué hacer y cómo deshacerte. Lloraste. Reíste. Quisiste.

Sigo repasando de forma casi enfermiza todos esos poemas que Rupi Kaur escribe y firma con su nombre, pero en los que habla de todas. De todas nosotras.

No hay más que añadir: tienes que leer este libro.

11.3.17

guardo lo que me queda de ti en un cajón

Guardo lo que me queda de ti en un cajón
entre cosas importantes
y cosas que no valen nada.
Espero que algún día
(cuando sea mayor)
lo encuentre
tras haber olvidado que estaba ahí.

Pensaré en tí.
En tus ojos, en tu pelo
en la forma de tu espalda,
en cómo ladeabas la cabeza.
Tu rostro estará borroso
pero sonreiré igualmente.

Me diré "parece mentira
lo rota que estaba entonces"
o "que dramática me ponía
por sentirme tan sola"
y "era un poco fatalista
de lo poco que me quería".

Te recordaré con cariño
y solo me vendrán partes buenas.
No quiero añadir más versos;
no se me ocurre un final que no sea triste
para este poema.



8.3.17

la manada no abandona a la leona herida


Estábamos muy cansadas
de soportar los cuchillos
que ellos llamaban halagos
cada vez que salíamos a la calle.

Estábamos muy cansadas
de que nuestro "no"
valiera siempre menos
que sus ganas inflamadas. 

Estábamos muy cansadas
de que "él nos quisiera"
y por eso nos encerraba
por eso nos ataba
por eso nos pegaba.

Estábamos muy cansadas 
de que nuestro cuerpo fuera mercancía,
de que las calles fueran peligrosas, 
de que el miedo
fuera el idioma universal de todas las mujeres.
De todas las hermanas. 

Estábamos muy cansadas de la sangre,
de la obligación,
de la condena que supone a veces
haber nacido con un coño
del que, paradójicamente, 
nace siempre toda vida. 

Un día empezamos a responder con rugidos
a todo lo que "no nos costaba nada". 
Un rugido cada vez que nos pedían
que mutiláramos nuestro cuerpo
un rugido cada vez que nos pedían
comportarnos "como se debía"
un rugido cada vez que nos pusieron precio.

Y de esa llamada brotó una respuesta
que latía de un lado a otro;
cruzaba el mundo.
Saltaba la chispa. 
Somos tantísimas, 
somos tantísimas...

Ahora nuestras manos son armas,
ahora nuestras voces son elección,
ahora nuestro miedo se ha convertido en espinas
ahora es cuando somos legión.

Tened cuidado,
no hay más mensaje;
tened miedo aquellos que nos queréis atadas.
tened miedo aquellos que nos queréis escondidas.
tened miedo aquellos que nos queréis atadas. 

Estáis en peligro;
en esta selva 
la manada ha decidido 
que no abandona a la leona herida.
Estáis sobreaviso.



6.3.17

"feliz dentro de una constante desdicha"

Ese chico del fondo del bar solo piensa en meterte la polla y te lo va a vender como amor o como lo que haga falta. Le resultará más sencillo si no tiene que hacerlo y os vais pronto a su casa, luego alabará con sus amigos lo "guarra" que eres como si fuera un halago. Hay gente recitando por ahí (lo han oído en la tele) eso de si no saben volar pierden el tiempo conmigo pero lo cierto es que les asusta ver que tomas altura. Eres especial y te lo han dicho muchas veces, pero no sabes si para bien o para mal. Eres especial, te repites mientras bebes algo más de kalimotxo y por eso la gente no consigue entenderte del todo. Mandas mensajes confusos porque estás confusa. Una pareja folla en el baño, en el que una chica escribió "machete al machote" y tú sonreíste cuando pudiste leerlo entero. Tu amiga habla con alguien que le gusta mucho y tú te alegras por ella y piensas que algún día alguien te gustará mucho a ti también. Que tú le gustes mucho a alguien lo dudas un poco más, pero bueno, eso no sueles decirlo en voz alta. Ponen una canción que te sabes y alguien la canta contigo. Eso puede salvar una noche solitaria. 
Notas el pecho vacío. Estás feliz dentro de una constante desdicha. 


4.3.17

princesa, puta, santa

Hay dentro de mi mil voces;
una santa
una puta
una princesa.

Hay una voz triste
que llora océanos,
hay una contenta
que ríe primaveras,
hay una furiosa
que grita truenos, rayos, tormentas.

En este cuerpo que es mi templo
solo manda el latido de mis entrañas
Y duele, a veces,
pero también sana.
Y mancha, a veces
y ruge y ensucia y ladra.

Todo lo que esta hoguera sangra
no es más
que un rastro triunfal de vida.